martes, 24 de junio de 2014

SOBRE VINOS, CANCIONES Y FADOS (VI)

Sobre Vinos, Canciones y Fados (VI)

Si hablamos de Armagnac, se me ocurre recomendarles hoy, acercarnos a un curioso ejemplar de hermoso color dorado intenso, con aromas de hierbas, uvas pasas y madera; se trata del Saint-Vivant Armagnac V.S.O.P. que en boca, se torna suave, dulce y con un sabor persistente…Otra opción puede ser un buen Armagnac Castarède X.O. producido por la más antigua Maison d´Armagnac fundada en  el año 1832, en Mauléon-D´Armagnac, Gers, Francia.
Pero continuemos con la historia de la Canción: La presencia de los Juglares sirvió para el desarrollo del Teatro y de la Música durante la Edad Media, se les llamó Ministriles, Ministrellos o Minnesänger por su aceptación y participación al servicio de las cortes, la cual cada día cobró mayor importancia para las actividades cotidianas, banquetes, fiestas y amoríos, además estos cantores pasaron a ser mediadores entre el arte y el pueblo de manera especial, a partir del siglo IX. De igual manera, comenzaron a ser contratados por los Trovadores y Troveros para que divulgaran, de pueblo en pueblo, sus composiciones musicales. Hasta ese entonces, el repertorio de los juglares se transmitía y conservaba igualmente, de manera oral pero los avances en la teoría y la escritura musical que desarrollaron los teóricos para la música litúrgica sistémica occidental durante los siglos VII, VIII y IX, fueron prontamente aprovechados para escribir y consignar parte del repertorio popular de estos cantores. Nacía pues, LA CANCION y sus genuinos primeros cantores profesionales
En el Período Medieval, los Trovadores del Sur y los Troveros del Norte produjeron gran cantidad de Formas de Canción: Las de Tipo Letanía, en las cuales se exponían antiguas epopeyas en verso (Canción o Cantar de Gesta). Las de Tipo Secuencia. Las de Tipo Himno y las de Tipo Rondel (balada, virelai y rondeau).
Según el contenido de sus letras, las canciones se agrupaban en: Chanson, canciones de amor, anhelo, ilusión; Alba, canciones de separación; Pastorella, canciones de amor bajo, caballeros enamorados de campesinas, etc.; Sirventés, canciones de contenido político, moral o social; Canción de Cruzadas, relatos, recuerdos, etc.; Lamentación o Planch, canciones fúnebres a la muerte del amo o Señor; Jeu Parti, Tenso o Partimen, canciones de diálogo o disputa; y Ballades, o canciones para el baile.

En la Baja Nobleza también existían cantores profesionales que componían música y versos mediante el pago de una remuneración por su trabajo. Eran hombres que no solían ser bien vistos socialmente; en ocasiones, nobles descalificados pero con buenas dotes y cualidades musicales y poéticas que hacían su trabajo como profesionales que exigían pago o retribución por sus servicios. Se les llamó Segreles. Los juglares, trovadores, troveros y también los segreles, además de ser los cantores populares por excelencia e introducir muchas formas musicales novedosas, tanto por su estructura como por su temática; aportaron al desarrollo de la música, la introducción de numerosos instrumentos musicales que hasta entonces, estaban relegados o proscritos ante el predominio de la música litúrgica, ceremonial y ritual. 

lunes, 23 de junio de 2014

SOBRE VINOS, CANCIONES Y FADOS (V)

Sobre Vinos, Canciones y Fados (V)


En nuestra entrega de hoy, recomendamos una buena copa de Cognac V.S.O.P  OTARD, resultado de un proceso de envejecimiento de ocho años en barrica; y ahora les cuento:   
Con la fundación de las universidades en el siglo XIII, muchos jóvenes teólogos de todas las naciones salieron a los caminos. No se podría afirmar que no poseían estudios completos pero también se sabe que llevaban una vida alegre, componían canciones que hoy llamaríamos contestatarias o de protesta, jugaban por dinero y, como afirma Paul Henry Láng, eran bebedores sin tasa. Estos "atípicos clérigos" eran llamados, Goliardos, del latín Gens Goliae o Gente del Diablo, según algunos pero según otros, el nombre deriva de Golias, -el legendario archipoeta antepasado de Pantagruel y de Panurgo, uno de los famosos personajes del escritor, médico, humanista profesor y monje benedictino francés del Renacimiento, Francisco Rabelais-. Los Goliardos aparecen y deambulan por Francia y de allí hacia los países vecinos; eran una especie de clérigos disidentes o vagabundos intelectuales, que utilizaron el latín arcaico cuando no macarrónico para cantar a los placeres, al vino y al erotismo, muchas veces parodiando cantos litúrgicos y sustituyendo los textos del Oficio Divino por versos profanos. Por ejemplo: a la famosa Secuencia Mariana del siglo XI que dice:

Verbum bonum et suave personemus illud Ave... lo cual se traduce, Con palabra dulce y  suave cantaremos esta Salve... como vemos, se le cambiaba el primer verso así: Vinum bonum et suave... Así mismo, al Ave Virgo Benedicta... (Bendita Salve Virgen...) Se le cambiaba por: Alba limpha maledicta....(Maldita agua clara...). Es interesante observar que, a pesar de lo profano y secular que fuera la intención de los cantos populares de estos poetas del latín medio, les resultaba muy difícil sino imposible, alejarse totalmente de la Iglesia. Y en muchas de estas composiciones, más que una burla grotesca se pretendía crear efectos cómicos y parodias satíricas. Tendencia promovida muchas veces, como una derivación de las enseñanzas de profesores de la Sorbona, quienes presumían de continuadores de las doctrinas del gran filósofo árabe-español Averroes (1126-1198) quien declaraba a la fe libre de toda atadura y se rehusaba a aceptar cualquier dogma. Es precisamente, en este momento histórico cuando están de moda las muy famosas canciones llamadas Carmina Burana, en las cuales se inspira y constituyen su material musical básico para su obra homónima, Carl Orff; canciones escritas en Latín Monacal y en las cuales se critican costumbres y vicios de la sociedad y a las cuales no debemos incurrir en el error de generalizar y confundir, como muchas veces se hace, con el denominativo de Canciones Goliardas. Que eran otra cosa totalmente distinta.

jueves, 19 de junio de 2014

SOBRE VINOS, CANCIONES Y FADOS (IV)

Sobre Vinos, Canciones y Fados (IV)




Hoy, simplemente una buena “Mimosa” y ahora, retomemos en esta nota el proceso evolutivo de la Canción, y recordemos que la intensa actividad de aquellos juglares ambulantes que, en las calles cantaban y contaban anécdotas, traían y llevaban comentarios satíricos de corte y practicaban acrobacia, malabarismos y juegos, sirviéndose de instrumentos populares, comenzaron a participar en fiestas de soldadesca y de allí pasaron a divertir en las fiestas palaciegas y a servir con toda fidelidad a sus Troubadours o Trovadores, poetas de la nobleza del sur de Francia, que preferían temas líricos o románticos y cantos de amor en sus Trovas; y/o también, a los Trouvères o Troveros, poetas cantores pertenecientes también a la nobleza feudal del norte de Francia, que cantaban los grandes hechos y hazañas de guerras y combates. De esta forma, se convirtieron aquellos juglares, que eran en esencia Músicos trashumantes o nómadas en Ministriles o servidores que llegaron a caracterizarse hasta por sus vestiduras de chaquetas rojas y trajes de colores, divididos verticalmente, tales como los usados más tarde por los Bufones de Palacio. Uno de los más antiguos y famosos trovadores franceses fue el Séptimo Conde de Poitiers, Guillermo IX Duque de Aquitania (1071-1127). Su esposa la condesa Beatriz de Día o Commtessa de Dia o Die (c.1140-1176) y la hija de ambos, Leonor de Aquitania (1120-1204), fueron también famosas Trobairitz o Trovadoras. En los siglos XII y XIII, aparecieron en Francia, España y Portugal, otros juglares a los cuales refieren las crónicas con los nombres de Lourenço (c.1252.-1284), cantor en la corte española de Alfonso X El Sabio; Pai Soares de Taveiros, Pero da Ponte, Alfonso Eanes do Cotón, Juan Zorro, MartinCodax, primero juglar y luego poeta y cantor galaico-portugués; Gaucelm Faidit (1180-c.1202), Elias d´Ussel (c.1170-c.1225), JauffréRudel (m.1150) Marcabrú (c.1114-c.1162), Bernard de Ventadour y luego, los más originales cultores de ese arte popular, como lo fueron en Francia: Thibaut de Champagne (1201-1250) quien llegó a ser rey de Navarra; Blondel de Nesles (c.1180-1200); Colin Muset, “ministrello” y cantor de modesta condición, autor de obras que reflejan un gran sentido del humor; otro ministrello muy famoso en Francia fue Adenez, llamado El rey de los ministrellos –y de quien, por cierto, existe un hermoso grabado de la época donde aparece cantando su poema Diomades a la reina de Francia-  y finalmente, el muy famoso Adam de la Halle (1240-1287), quien se consagró como el gran maestro de este último periodo. De esta manera, paulatinamente, los juglares se establecieron en las ciudades y organizaron corporaciones para defenderse contra la competencia de otros músicos vagabundos "que podían amenazar su estabilidad".

miércoles, 18 de junio de 2014

SOBRE VINOS, CANCIONES Y FADOS (III)



Sobre Vinos, Canciones y Fados (III)



Esta tercera nota, es oportuna para sugerirles descorchar una buena botella de vino alentejano Tapada de Coelheiros Chardonay, intenso, complejo y con cuerpo; y recordar la letra de una hermosa melodía que, con palabras y música de Pierre Dupont, destacado autor francés del siglo XIX, conocemos con el nombre de Mi Viña la cual sirve para ilustrarnos, a la luz de esa época, todo lo que hemos afirmado con relación a la importancia de la viña en los hábitos y costumbres de los pueblos europeos.
Dicen los versos de la canción de Dupont:…Esta ladera protegida del viento
Que se calienta con el sol naciente, Como un lagarto verde, es mi viña.
La tierra seca  Retumba y hace resonar la herramienta. La planta desciende en línea recta Del delgado brote del cual fue plantado Por nuestro bisabuelo Noé.
Estribillo: Buen francés, cuando veo mi copa  Llena de su vino color fuego Pienso agradeciendo a Dios  Que ellos no lo tienen, que no lo tienen  En Inglaterra
En primavera, mi viña en flor, Tiene la palidez de una niña; En verano, es una novia, Que revienta su corpiño verde; En otoño toda ha surgido; Es la vendimia y prensada de la uva; En invierno, durante su sueño, Su vino reemplaza al sol.
La bodega donde mi vino está almacenado, Es un viejo convento en ruinas, Encorvado como un vieja iglesia; Cuando bajo allí, camino erguido, Tomo un sorbo de mi viejo vino, Uno, dos sorbos y me embriago; ¿Dónde está la pared...y la columna?... ya no encuentro la escalera.
La viña es un árbol divino; La viña es la madre del vino, Respetemos esta anciana madre, Nodriza de cinco mil años, que para dormir a sus niños, les da a mamar en una copa; La viña es madre de los amores. Oh! mi Juana, bebamos todos los días... El proceso de pasar de la cepa a la botella, requiere mucho trabajo a pesar de que hoy se dispone de alta tecnología, pero aún el manejo del tractor requiere gran destreza y habilidad, cuando de viñedos se trata. Como ustedes lo saben, el trabajo comienza cuando se selecciona y planta la cepa, proceso que se cumple a  base de injertos para ennoblecerla, pero pasarán algunos años para que las cepas alcancen su plena productividad. Habrá que regar, cuidar, tratar, proteger de hongos, animales y hasta de los rigores del tiempo, a la planta que luego, estará lista para la vendimia o recolección de la uva. Vendimiar es un trabajo arduo que requiere paciencia y buena preparación física pero que al mismo tiempo, lleva implícita la alegría de compartir luego de la jornada una buena copa acompañada con pan y otros manjares caseros que ayudarán a olvidar la fatiga y el cansancio...

martes, 17 de junio de 2014

SOBRE VINOS, CANCIONES Y FADOS (II)

Sobre Vinos, Canciones y Fados (II)



No menos antigua, que la historia del vino es la historia de la canción, cuyos orígenes coinciden casi con la historia de la humanidad, ya que para que surja solo se requerirán los sentimientos y la voz para expresarlos. Pero sin retroceder tanto en el tiempo, con los fenicios, etruscos, griegos y romanos llegaban a cada colonia la vid, el vino y también las canciones. Y la viña convirtió a los pueblos en sedentarios, ya que requería un cuidado constante; por eso el vino, como afirman sabiamente Brigitte Hansmann y Amparo Afán: …fue un elemento decisivo en el crecimiento de una sociedad estable. Y junto a la viña y a la vid, nacieron las Canciones. La gran herencia vinícola de los romanos pasó, por razones históricas que bien conocemos, a las iglesias, conventos y monasterios; en especial, los Cistercienses ó Bernardinos y Benedictinos. Aunque también hubo príncipes como, el famoso hijo de Pepino El Breve, Carlomagno o Carlos I (742-814) quien junto al desarrollo e impulso que dio a las artes y las letras, fue un promotor entusiasta de la vinicultura. Junto al vino, también proliferó la música de los Ioculatores romanos que venían  divirtiendo a las legiones romanas con sus Iocus –juegos acrobáticos y diversiones musicales- y luego los juglares germanos, que viajaban de pueblo en pueblo cantando poesías, leyendas y canciones paganas que, al principio se vieron relegadas al ambiente popular de las fiestas de cantinas y ferias callejeras ante la prohibición de la Iglesia y el poder del Estado, ya que se consideraba diabólica la música practicada por los paganos y como muestra de esta reacción, el Tercer Concilio de Toledo en el año 589, no vaciló en  prohibir los cantos profanos y danzas que eran usuales dentro de las iglesias. A manera de anécdota, debo recordar al respecto, que frecuentemente, muchos obispos toleraron en sus territorios o diócesis -haciendo caso omiso de las prohibiciones-, lo que ellos mismos solían imponer y prohibir reunidos en Concilio. Por ejemplo, en St. Martin cerca de Limoges, Francia, se danzaba en el Coro de la Catedral de San Leonardo y cantaban el famoso estribillo: …San Marçau prega per nos et nos espringarem per vos -San Marcial, rogad por nosotros y nosotros danzaremos por vos-, y en Sens, también Francia durante el siglo XV, el pre-chantre o cantor catedralicio, bailaba en la nave central del templo al ritmo de un Responsorio gregoriano.

lunes, 16 de junio de 2014

SOBRE VINOS, CANCIONES Y FADOS

Sobre Vinos, Canciones y Fados (I)




He querido iniciar una nueva serie de comentarios esta vez, enológicos y musicales. Comenzaré recordando uno de los más celebrados y conocidos valses de Johann Strauss Jr., por una razón fundamental, porque su título y su música, resumen el propósito de esta serie de artículos. Strauss, exalta en su obra tres maravillas de nuestro mundo: el Vino, las Mujeres y las Canciones... yo agregaría al título, el Pan y estoy seguro que Strauss estaría de acuerdo conmigo, porque al igual que el Vino, las Canciones, entre ellas los Fados y también, por qué no, las mujeres; el pan es el resultado de un noble proceso de muchos meses de trabajo, paciencia, arte y tecnología humanas y representa una de las grandes especialidades y aportes de la comunidad portuguesa, aquí en Venezuela y también en el mundo. Y es que, en realidad, dentro de la generalidad que implica el titulo de este nuevo ciclo de notas: Sobre Vinos, Canciones y Fados en esta primera nota, voy a referirme específicamente, al tema del Vino. Debo aclarar que, no pretendo hacer una Historia del Vino, ni mucho menos, una historia de la canción y de los fados. He querido que nuestra “Primera Conversación Escrita” –como me gusta llamarla- atienda al disfrute anecdótico y sobre todo, a estimular a mis lectores para que puedan paladear con toda concentración las uvas que aguardan por nosotros, embotelladas, tras haber cumplido ese hermoso proceso de transformación natural y tecnológico. Mientras tanto, les invito a descorchar una buena botella bien fría de Oporto Branco de la Casa Ramos Pinto, excelente aperitivo y colocarla muy cerca para que lentamente, a medida que lean esta nota, vayan disfrutando de las excelencias de esa maravilla de la naturaleza. En la entrega de hoy me concretaré a recordar alguna de las más antiguas referencias y antecedentes de la historia del vino, a partir de aquellos jarabes espesos, concentrados por la cocción de la pulpa de la uva, que sirvieron de alimento tonificante y hasta de edulcorante en las más antiguas civilizaciones humanas, se llegó luego –y hablo de hace unos diez mil años- a la elaboración de vinos en Jericó, el Asia Menor, donde por cierto, se han encontrado prensas de más de ocho mil años y también, en Mesopotamia, donde además de la viticultura y la elaboración del vino, se conoció y practicó tempranamente –según nos cuentan los documentos históricos- la tramposa adulteración

miércoles, 2 de abril de 2014

CUENTOS Y RECUENTOS

A solicitud de muchos amigos, he querido reproducir con -pequeñas inserciones- la INTRODUCCION de mi trabajo EL MARAVILLOSO MUNDO DE LA BANDA (ISBN 980-259-257-9) publicado por Cuadernos Lagoven en Octubre de 1989.

Corría el año de 1967; para ser más exacto, el mes de febrero. Inesperadamente me vi involucrado en la responsabilidad de organizar y dirigir un concierto con una Banda. Se trataba de la Banda del Estado Yaracuy, en esa época bajo la dirección de un viejo maestro y buen amigo Manuel Alvarado, quien había sido compañero de estudios de la eminente compositora venezolana Blanca Estrella de Méscoli, ambos bajo la tutela del no menos famoso compositor venezolano Rafael Limardo quien, por cierto, había sido también director titular de la Banda del Estado Yaracuy. Había sido invitado por el entonces gobernador, Dr. Bartolomé Romero Agüero, para organizar un Concierto Especial para recibir al primer Obispo de la recién creada Diócesis del Yaracuy, Monseñor Tomás Enrique Márquez.
Cuando llegué a la patria chica de mis padres, obviamente sentí la fuerte emoción de retornar a la tierra de mis ancestros; poco la conocía, pero mucho había oído sobre ella. Aún resonaban en mis oídos los cuentos de mi madre  acerca de las famosas veladas musicales, las visitas que dispensaron al Yaracuy distinguidos artistas a comienzos del siglo XX y las anécdotas sobre maestros, como Limardo, Túpano, Andrade, Wohnsiedler, Caldera y Carrillo, entre otros. Mi emoción se redobló ante la magnífica experiencia que para un joven, representaba el hecho de ser albergado en la residencia del gobernador del Estado Yaracuy, en calidad de su invitado personal.
No me había recobrado aún de mis emociones, cuando me vi enfrentado al reto: …Mirá, ¿por qué no váis a escuchar la Banda del Estado y me decís, cómo te parece?... De esta manera cordial  y con acento muy regional, el gobernador me emplazaba para que tomara contacto directo con esa Banda venezolana, fundada allá por 1940. No había tiempo para pensarlo dos veces. La segunda frase del gobernador ya no estaba dirigida a mí sino a su asistente: “Catire, haz que lleven al profesor para que escuche la Banda del Estado”… Minutos después, estaba saliendo en un coche patrulla rumbo a una vieja casona destartalada, donde tenía su sede la Banda Bolívar del Estado Yaracuy. Nunca tuve la oportunidad de saber qué pensaron los músicos de esa agrupación cuando me vieron llegar de esa manera tan “oficial” a la casa de la Banda. El hecho es que en pocos minutos nos saludamos y rápidamente, el maestro Alvarado, dijo: …”bueno, ya, a ensayar”. Y comenzó a sonar una versión “dantesca” de von Suppé. Realmente no sabía si sentirme feliz, triste o asustado: la casa temblaba, los techos se movían, los niños y algunos viejos se asomaban por las ventanas que daban a la calle, dos o tres gallinas corrían cerca de los músicos, al igual que un perro amigo y un gato.
Con serios problemas en algunos instrumentos, ”Von Suppé” sonaba, a pesar de la desafinación de algunos que contrastaban con la brillante ejecución de otros. Las caras de varios profesores emulaban los atriles de los más serios teatros europeos. Otros, sin embargo, reflejaban un criollo sabor de “sancocho pueblerino”. Impresionaba y asustaba ver como de ciertos instrumentos amarrados con ligas para sostener algunas llaves, salían corcheas, semicorcheas y hasta algunas fusas con fluidez y velocidad. De repente no aguanté la tentación, saqué una batuta de su estuche y apartando la idea de que lo más cerca que había estado de una Banda era precisamente ese momento, interrumpí el ensayo y solicité al maestro Alvarado que me permitiera intentarlo. Comenzamos a ensayar de nuevo. Cuando me di cuenta, habían transcurrido tres horas. No habíamos sentido el cansancio, ni el calor “sanfelipeño” y después de ese corto y a la vez largo tiempo, éramos amigos, nos conocíamos como si hubiésemos trabajado juntos desde cuando Von Suppé había escrito su obra.
A mi regreso a la residencia del gobernador, cuando cenábamos, me dijo: …”Profesor, qué Orquesta vamos a traer para hacer el Concierto del Obispo?   Y vino la primera sorpresa: …gobernador, la orquesta ya está aquí, el Concierto va a hacerse con la Banda del Estado. La respuesta no se dejó esperar. El gobernador olvidó el protocolo. –Muchacho tú estás loco; esos músicos son muy malos… Le dije: “gobernador si me da quince días, se va a sorprender”. El 25 de febrero de 1967, la Banda Bolívar del Estado Yaracuy tocaba conmigo al frente el Concierto de Bienvenida para el nuevo Obispo. Mis mejores críticos musicales fueron hombres y mujeres del pueblo que se acercaban y decían espontáneamente y sin artificio: ¡Qué bonito!  ¡Muy bueno!, ¡no parece la misma Banda!...¡Mirá, sentó a la Banda y les quitó las “cachuchas”!...¡esos músicos tocan bien!...

 ***Todo había empezado a partir de allí; siguieron otras Bandas y otros estados. El interés por averiguar y saber cada vez más sobre estas agrupaciones de instrumentos, se fue haciendo cada vez mayor y por supuesto la experiencia aumentaba. Un buen día de septiembre de 1979 me encontré convertido, por voluntad expresa de sus integrantes, en el duodécimo Director Titular de la más antigua Banda de Venezuela: la Banda Marcial Caracas, fundada en 1864 y que había sido dirigida por Albino Abiatti, José Marmol Muñóz, José Angel Montero, Federico Villena, Leopoldo Sucre, Francisco de Paula Magdaleno, Pedro Elías Gutiérrez, Antonio Ramón Narváez, Horacio Corredor Zerpa, Juan Bautista Carreño y César Viera. Por ella habían pasado grandes músicos: Alirio Díaz, Antonio Estévez, Ángel Sauce, Rafael Demóstenes Puche, Andrés Sandoval, Leopoldo Billings…en fin, muchos grandes. Este hecho nunca formó parte de mis planes, pero allí estaba al frente de la Banda, ante la tradición musical caraqueña y la historia musical de mi país. Un caraqueño nacido en Candelaria y con ancestros italo-yaracuyanos arribaba al “Podium” de la Plaza Bolívar de Caracas. El reto: continuar la tarea; hacer de nuestra Banda, la mejor no solo en nuestro país sino en Latinoamérica y aún, porque no, ¡más allá!.  (Hasta aquí, la Nota Introductoria de 1989).

Resultado: el reto logramos cumplirlo mientras pudimos mantenernos al frente de la Banda… las “pequeñeces políticas” no permitieron que el trabajo se prolongara; pero gracias a Dios, otros retos mayores me aguardaban y en el Conservatorio de Música Simón Bolívar de Caracas con el apoyo, por cierto, de un músico hijo de otro músico que, en 1967 tocaba en aquella Banda de Yaracuy bajo mi batuta y en otro febrero, pero esta vez del 2007 -Cuarenta años después-, pude hacer y ver nacer otro nuevo y más alentador proyecto, realidad y reto: la BANDA SINFONICA JUVENIL SIMON BOLIVAR, orgullo de nuestra música de Bandas en Venezuela y el mundo.